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Cristina Kirchner duda del “plan aguantar” y teme la escalada del conflicto en la calle

A la Vicepresidenta le molesta que no haya habido alguna medida económica para su base electoral. Y en La Cámpora creen que Emilio Pérsico fogoneó en las sombras a Grabois.


“Decí algo para la gente”. Eso le pidió Cristina Kirchner a Silvina Batakis en una conversación previa al anuncio de medidas económicas cuyo objetivo central era calmar los mercados. La Vicepresidenta está al tanto de las decisiones que se van tomando y le disgusta que aún no se haya hecho un guiño para sectores más populares, su base electoral.


El desborde de la inflación tiene un correlato directo en la clase media y golpea aún más en los barrios pobres. El combo social inquieta en a la vice, que teme un escenario más complicado.

Apenas arrancó su mandato, Néstor Kirchner se propuso “ganar la calle”. Eso significaba desactivar la protesta social y poner de su lado a actores que habían emergido hacía poco en la escena pública: las organizaciones sociales. Esos grupos fueron ganando terreno con cargos en el Estado y el manejo de los planes, incluso en detrimento de los intendentes del conurbano, que recién después de 2005 se alinearon totalmente detrás del proyecto K.


Un “monstruo” indomable

Allá por 2003 cuando se estaba creando el Movimiento Evita, un ex jefe Montonero rechazó formar parte de sus filas. “Desde la revolución sandinista, Emilio (Pérsico) sólo construye con los excluidos. Va a generar un monstruo que nadie va a poder domar”, pronosticó. Ese vaticinio cobra actualidad en el debate sobre las políticas sociales, que hace años dejaron de ser consideradas como una ayuda circunstancial hasta que la persona consiga un trabajo formal, sino que funcionan como un ingreso sin contraprestación.

Las agrupaciones consolidaron una red de cooperativas que nadie controla y se nutre de fondos que en parte van para financiar su actividad política. Cristina Kirchner ahora quiere desarmar la estructura que ayudó a consolidar junto a su marido, pero con la idea de crear un beneficio que amplíe la cantidad de gente en la cobertura. Eso choca con el plan de contención del gasto acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI).


La Vicepresidenta da señales de estar preocupada por la situación social. Las marchas la mortifican más que al propio Alberto Fernández.

Las organizaciones sociales que eran oficialistas, de a poco, están cruzando a la vereda de enfrente y se suman a las tropas más combativas de la izquierda. Unidad Piquetera es un frente cuyo mascarón de proa es el Polo Obrero, pero en el que también conviven espacios más chicos y radicalizados. “Hay grupos de poca representatividad, que tienen uno o dos jefes con formación política, y se nutren de la marginalidad de los pibes en los barrios”, explica un dirigente del conurbano.

Esta semana se vio, por primera vez desde que gobierna el peronismo, una alianza callejera entre el trotskismo y el kirchnerismo, retratada en los rostros de Eduardo Belliboni y Juan Grabois.


El Movimiento Evita marcha en contra

En la Casa Rosada intentaron relativizar el impacto de la protesta en Plaza de Mayo. Debería al menos alarmarlos que no lograran que referentes cercanos al Presidente, como Esteban “Gringo” Castro, se bajaran de la convocatoria. Ese dirigente es, además, pareja de Mariel Fernández, intendenta de Moreno, del Movimiento Evita. Es decir: el Movimiento Evita es aliado del Presidente pero le marcha en contra.

Alberto Fernández se mantiene firme en contra de avanzar con el ingreso básico universal. Tiene como aliado a Sergio Massa. Esa resistencia choca con sectores del kirchnerismo más duro, que necesitan una bandera que descomprima los reclamos de sus bases. Entre el lunes y el martes, distintas organizaciones K de la provincia de Buenos Aires analizaron emitir un comunicado y plegarse a la marcha que proponía Grabois. Terminaron definiendo que no, bajo la supervisión de Andrés Larroque, aunque mascullando bronca.

Cristina Kirchner no se expresó en público a favor de las medidas económicas que va tomando la flamante ministra. Eso genera recelo en el Gobierno, aunque aseguran que le son notificadas y hay consenso en las definiciones. La “mesa de los tres” ya se reunió dos veces y, si bien hay diferencias, la apuesta es seguir manteniendo ese formato para calmar la interna y atravesar la crisis financiera.

La Vicepresidenta recibió el miércoles en su despacho del Senado a los sindicalistas Andrés Rodríguez, José Luis Lingeri y Gerardo Martínez. Este último fue quien gestionó la reunión. Llevaron como mensaje la importancia de “convocar al diálogo a distintos sectores” y “garantizar la gobernabilidad”. La charla dicen que fue amable, aunque con picos de tensión. Se fueron con la sensación de una Cristina “racional desde lo económico”, pero puede ser sólo eso: una sensación.


El temor de la CGT

En la CGT ven con temor la fragilidad del escenario político. Por eso llamaron a una marcha por la inflación recién para el 17 de agosto. “No es contra el Gobierno”, aclara un hombre que integra la mesa chica. Decidieron no hacerla el 26 de julio, en conmemoración de la muerte de Eva Perón, porque ese día ya lo reservó el Movimiento Evita y no quieren mezclarse.

En la Casa Rosada pronostican que este mes y agosto serán muy duros. Los datos de inflación van a ser peores y el torniquete al dólar recién va a ceder cuando bajen las importaciones de energía, más sobre la primavera. “Hay que aguantar”, dice un ministro.

En el medio, el Presidente prevé viajar a Estados Unidos. La tan buscada cita con Joe Biden tiene algunos contratiempos de agenda. Por lo pronto, modificaron la fecha y sería el 26 de julio, en Washington. Será clave que Alberto Fernández pueda llegar al encuentro bilateral en un marco de estabilidad dentro del Frente de Todos.

Es entonces cuando también se vuelve importante el “manejo de la calle”. En La Cámpora corrió la sospecha de que la actitud combativa de Grabois y otros grupos es fogoneada en las sombras por Pérsico, que sigue siendo funcionario en el Ministerio de Desarrollo Social.

La desconfianza dentro del oficialismo no colabora y la situación social complica el plan de Batakis. Esa es la disyuntiva a la que se enfrenta sobre todo Cristina Kirchner cuando mira hacia 2023.


Fuente: TN

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