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Profundo pesar en Punta Alta por el fallecimiento del “relojero del pueblo”

Mario Piantanida tenía 66 años y estaba internado con COVID-19. Su paso por la cultura, la política y el comercio local.

Expresiones de profundo pesar vertieron a través de las redes sociales allegados al reconocido comerciante local Mario Piantanida, fallecido ayer en el Hospital Naval Puerto Belgrano víctima del COVID-19.

Tal como expresaron, Mario, de 66 años, supo cosechar amigos en la cultura, la política y el comercio local y de la zona.

En la cultura se desarrolló como baterista en los inicios del rock en Punta Alta y Bahía Blanca; en el comercio a través de su relojería de calle Colón e Irigoyen; y en la política a través de su vínculo con la gobernante Integración Vecinalista Rosaleña y su desempeño en el directorio de Zona Franca Bahía Blanca-Coronel Rosales.

“Fue mucho más que el relojero del pueblo. Amigo de años y de muchos, comprometido con su Punta Alta, batero, comerciante, buen hijo, padre y hermano”, escribió el intendente rosaleño Mariano Uset en su cuenta de Twitter.

“La política pocas veces te deja amigos; vos lo eras”, publicó en su cuenta de Facebook el exconcejal vecinalista Sadi Gelós.

Por su parte, el periodista de rock Javier Tucci publicó en Facebook un artículo titulado “La sonrisa que nunca se apagará”, en el que lo caracterizó como “uno de los tipos más nobles de Punta Alta” y donde repasó momentos de la etapa cultural de Piantanida.

“Marito fue uno de los maestros de bateros pueblo. A él le había enseñado María del Carmen Aristimuño, siendo apenas un purrete de 14 años. Al año siguiente (1969/70) ya estaba tocando junto con ella, Rolo Girard (voz), Eduardo Aristimuño (guitarra) y Raúl Negri (bajo), en la segunda etapa de Gold Finger's.”

“Tenía 13/14 años cuando empecé. Mi viejo quería que tocara el acordeón desde los 7 tocando y a los 11 me recibí de profesor de música, teoría y solfeo. Al toque vendí el acordeón y me compré una batería y Mari me enseñó lo básico; al poco tiempo estaba tocando con ella algunos covers y temas propios por todas partes. Imaginate que íbamos por toda la zona y como yo era menor, mi viejo venía detrás siguiéndonos en un Citroen y se quedaba todo el baile", le contó Mario.

“Luego llegaría su incursión en Humo Ardiente (1971). La banda mezclaba el beat y algunos rocks duros. Una noche estaba tocando en el club Los Andes y dos tipos más grandes se me acercaron al final del show y me dijeron: ‘Queremos que te pruebes con nosotros’. Eran Los Rebeldes, una súper banda de Bahía. Les dije que estaba bien con la banda y enseguida me preguntaron ‘¿Cuánto ganas tocando ahora?’. Entre $10 y $15 por presentación. ‘Bueno, nosotros te ofrecemos entre $150 y $180’. Cuando me dijeron así, ya tenía la batería cargada en su camioneta”.

Según relata, tocaban en Villa Mitre, Olimpo y hasta con Nelly Raymond por los pueblos.

En otro tramo, el periodista relata cómo descubrió que su padre había sido también baterista y que Mario fue quien lo inició en el instrumento.

“Gracias por tanto Marito. Y como me dijiste en uno de los últimos audios que me enviaste: "Tocar es como andar en bicicleta, no te lo olvidás más".

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