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Espectáculos: Johnny Depp y la ferocidad contra Amber Heard

Avanza la causa que el actor inició contra su exesposa por 50 millones de dólares. La mujer lo llamó golpeador y abusador de mujeres

El actor denunció por difamación a su ex esposa Amber Heard (Jim Watson/Pool via REUTERS)

Hay algunos distraídos que no han hecho una mirada o el seguimiento diario de la demanda que ahora litiga desde abril, en Fairfax, cuando demandó a su ex mujer, Amber Heard, después de quince meses de convivencia. Fue Amber quien lo llamó golpeador y abusador de mujeres. Depp presentó una demanda negándolo y 50 millones de dólares, que se irían a 100 para Amber si ella lo probara. Las palabras de esta texana elegante como un galgo fue el disparador formal, legal, el principio en muestra de cómo una manera de convertir una pareja en permanente mortificación, probables mentiras, excesos –alcohol, drogas de todo tipo, tal vez los dos-, burlas, los celos siempre a la espera, una cocina en ruinas -declaraciones de empleados que sugerían la probabilidad de un crimen, videos con audio de la modelo y actriz de treinta y seis mientras el actor demolía la casa en ataques de furia con su voz y otra de sus amigas bisexuales con sarcasmo y evidencia-. El hecho no fue el centro de tales preferencias de Heard en el caso. Es otro el tema. Depp pidió por el deterioro de su fama y honor. La olla de odio-amor. Lo que los hizo seguir de todos modos –competencia-, sadismo planificado, arriesgan amigos comunes. La reclamación es presentado por Johnny Depp como alguien que no ultrajó ni maltrató a ninguna mujer y que quiere mantener el nombre de sus dos hijos. Lo llaman la ley, creo, y surgió de una de la casa alquilaba en Australia mientras rodaba “Piratas del Caribe”. Dijo Heard, cuya actuación más llamativa fue “Aquaman”, a una revista: “Johnny es un tipo violento y peligroso. Me da miedo”. Depp fue con sus abogados y el médico, el doctor Killer, médico de fama por el dedo -a negarlo ante la Justicia-: ¿Quién podría pensar que las cosas iban en paz y armonía? No hagamos bromas. En lanzamiento de botellazos, Depp perdió parte de la falange media de la derecha con mucho vidrio y mucha sangre, tiene los dientes a la miseria, ha engordado a toda velocidad (58 años), a pesar del gran éxito de “Piratas…”, debe un montón de millones. “Pero yo no golpeé a esa mujer ni a ninguna otra”.


No es posible en este instante saber cómo resultará le decisión judicial. En cantidad muy considerable la agresión contra la mujer en todo el mundo es una realidad fehaciente y creciente -femicidios cada pocas horas-, aunque puede pasar al revés alguna vez. En Estados Unidos, Me Too es factor de un poder tremendo y constante. Y pesa: al dueño de Miramax y los Oscar, sátiro y extorsionador a cambio de premios por sexo fue por mucho tiempo a la cárcel: el martillo sonó fuerte.


Una filial Me Too muy activa activa denostó en los días de Festival de San Sebastián a Johnny Depp sin descanso. Lo dio por hecho.

Se puede ver así: a una acción le sigue una reacción. A lo largo del proceso surgieron hechos bien variados. Amber dejó escuchar cuándo Johnny le gritaba por teléfono “puta de mierda, te voy a matar”. La actriz dio vuelta la cara. Depp admitió que cambiaba su conducta al filmar, que se “perdía en un mundo, irracional”, que sentía “cuerdas de violín que fueran a romperse”. Siempre -no olvidarlo, lo reitera, jura- sin palizas ni ataques. Se exhibió allí una foto del actor derrumbado por las drogas, con la camisa empapada de helado. No negó haber tomado pastillas del botiquín de su casa desde niño y que a los catorce era adicto. “No por recreación sino por dolor y angustia, salvo una vez en que reímos mucho con Marilyn Manson”. Una foto expone un gran vaso de whisky, cocaína, pastillas y una foto de Keith Richards, por alguna razón.

Amber Heard, ex esposa de Johnny Depp que lo acusó de golpeador (REUTERS/Evelyn Hockstein/Pool)

Hasta ahora nada faltó. Depp expuso la imagen de la sábana con excrementos -dormían juntos- puestos del lado de ella. Fue uno de esos puntos en los que se produce una reacción a una acción y se produjo un suave giro hacia la posibilidad de que Depp podría volver a afirmar que no se tratara de un apaleador y sometedor. Cierto aire.

Hay, en cambio, lo que también sucede. La atracción y la repugnancia mutuos que, con levedad, de vez en cuando se dicen bromas crueles, hay contestaciones pérfidas y tsunamis de afecto enfermo y pulverizado desconcertantes.


Dos perfiles


Depp nació en Kentucky de casa modesto donde menudeaban los cinturones y los duros zapatones embarrados. Buscó oficios, trabajos temporarios y por esas cuestiones que se reservan a lo imprevisible llegó hasta el cine. Con la dirección de Tim Burton –“La leyenda del jinete sin cabeza“, “Alicia en el País de las Maravillas”, “Ed Wood”, “El joven manos de tijeras”-, toda una línea como de entresueños, muy de estilo y firma tanto de Burton como de Depp con sus famosos mohines. Es protagonista de una cantidad relevante de films, cantante de una banda de rock, hasta los piratas y con la seguidilla se diría ya gran negocio y probable cancelación por el escándalo en marcha. Ganó mucho, compró mucho y grande: 30.000 en vinos de botellas excepcionales, cuadros de Basquiat, Warhol y Modigliani; el yate de unos 20 millones, islas en Bahamas, varias casas en Hollywood; propiedades en Los Ángeles, el castillo en Francia y un haras SPC en Kentucky. Hay que sumar 300.000 de guardias y caseros, más 45 coches de lujo.


Amber nació en un ámbito religioso y conservador allá en Austin hasta que quiso cambiar de vida, dejó todo y se soltó el pelo. Se le contaron varios amores como el del actor Jess Franco y, sorpresa, Elon Musk. Sin contar mujeres, que ya venían en la etiqueta. La fuerza de la belleza y un temperamento cambiante de la rabia hasta una suavidad rara, se abrió paso.


Si se trata de amigos, Penélope Cruz y Javier Bardem aseguran que Depp es un compañero amable, un buen amigo con gran sentido del humor. Winona Ryder y Vanessa Paradis (dos ex) lo ponen alto y apoyan sin más. Flaco del lado de Amber, no parece su mejor carta.


Tal que ese aire mencionado por ahí parece girar con vientos algo más vigorosos desde el actor, que a veces se permite algunas gracias muy personales.


-¿Volverá a usted a beber, señor Depp? Respuesta: “¿Cree en las happy hours (tragos desde el atardecer)?”. No hay una reglamentación rigurosa. ¿Acaso alguien cree que un hombre es atacado, cortado y abofeteado , avergonzarlo y puede probarlo, acaso? Lo mismo.

Lo dijo en su defensa, con traje gris de Gucci, corbata negra, botones dorados , el pelo engominado y media sonrisa.


Fuente: Infobae

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