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El documental “Nunca más”: la primera vez que la TV mostró la perspectiva de las víctimas

La película homónima al libro publicado por la Conadep fue estrenada en TV abierta el 4 de julio de 1984, casi un año antes del juicio reconstruido en “Argentina, 1985″. La amenaza de renuncia de Ernesto Sábato ante la suspensión de la emisión y la presión militar sobre el gobierno de Alfonsín de la época



El furor por la película “Argentina, 1985″ se puede percibir tanto en las salas de cine nacionales como entre los consumidores de la plataforma Amazon. Es así que el consumo del largometraje invitó a una revisión de la historia y a constatar cómo se dieron los hechos en esos años tan importantes de la temprana recuperación de la democracia. Más allá de las polémicas por posibles omisiones y desajustes históricos, el mérito de la película de Santiago Mitre es el rescate de una coyuntura muy peculiar de un pasado todavía reciente en tiempos de un país, y un disparador a otras evocaciones.


Por caso, si se analiza el contexto y las condiciones en los que tuvo lugar el “Juicio a las Juntas”, hay un evento que fue bisagra. El trabajo realizado por la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep) que recolectó pruebas y testimonios sobre la represión ilegal. En lo audiovisual, se tradujo en un hecho televisivo previo a la celebración del juicio y que significó básicamente la primera expresión televisiva sobre las atrocidades cometidas durante el Gobierno de facto entre los años 1976 y 1983.


El 4 de julio de 1984, el Canal 13, que en ese momento todavía era estatal, emitió el documental “Nunca Más”, como acompañamiento en formato audiovisual a la publicación del libro homónimo, que fue confeccionado por la Conadep y que recogía todo el fruto de su trabajo.


El documental fue emitido en horario central y visto por más de un millón y medio de personas

Dura poco más de una hora y media y contiene los testimonios de algunas víctimas de la dictadura, que relatan con crudeza lo sufrido durante los años de terror, las detenciones clandestinas y las sesiones de tortura.


Este fue el primer material audiovisual que se permitía reflejar con lujo de detalles los crímenes de lesa humanidad cometidos por los militares durante el Golpe de Estado. Películas alegóricas como La Historia Oficial (dirigida por Luis Puenzo) o La Noche de los Lápices (Héctor Olivera) fueron producidas ese mismo año pero recién estrenadas en 1985 y 1986, respectivamente. Por eso, recién se pudo tomar magnitud de la trascendencia del contenido con el pasar del tiempo.


El documental fue emitido como un programa especial en un espacio denominado “Televisión Abierta”, que incluyó una introducción a cargo del entonces ministro del Interior Antonio Tróccoli y un cierre de la película del mismo dirigente junto al presidente de la Conadep, el escritor Ernesto Sábato.


La emisión fue la primera instancia en la que el público masivo accedió a la perspectiva de las víctimas del terrorismo de Estado del 1976-83. De acuerdo a cifras de IPSA citadas en su momento por la revista Somos, el programa alcanzó los 20 puntos de rating, unos 1.640.000 espectadores en simultáneo.


Según investigadores, hasta último momento el presidente Raúl Alfonsín tuvo que lidiar con presiones de diferentes áreas de las Fuerzas Armadas. Emilio Crenzel, autor de La historia política del Nunca Más (Siglo XXI Editores), reveló que Ernesto Sábato amenazó con renunciar a su cargo de presidente de la Conadep si se llegaba a suspender la emisión del documental.

Finalmente éste fue emitido en el horario central de pico de audiencia diaria (de 21 a 23 hs.) y fue presentado sin cortes publicitarios, algo muy poco común para la época.


La emisión del “Nunca Más” también se dio en un contexto de tensión pura entre el Gobierno y la cúpula militar. De hecho, un día después de que se pusiera la película al aire, Alfonsín dispuso el relevo inmediato del Jefe de Estado Mayor, el general Jorge Arguindegui, que había sido nombrado en el cargo en 1983, y de otros tres altos oficiales, entre ellos el comandante del imponente Cuerpo III, con base en Córdoba, el general Pedro Mansilla..


Para una parte de la comunidad militar de la época, la imagen que quedó reflejada en esos días fue la de un Alfonsín despidiendo a los altos mandos militares en simultáneo a la emisión del documental.


Más tarde se supo que Alfonsín había tomado conocimiento de una reunión de Arguindegui con otros altos oficiales, donde se había contemplado una posibilidad de regreso al poder del Ejército.


Fuente: Infobae


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