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Depresión: esa secuela del coronavirus de la que pocos hablan

Síntomas de un padecimiento cada vez más frecuente. Quiénes son los más afectados. Cómo darnos cuenta y cómo tratarlo

La mayoría de las personas que padecen coronavirus sufren síntomas de intensidad leve y se recuperan sin necesidad de tratamientos. Sin embargo, algunas desarrollan casos graves y necesitan atención médica. Como se ha visto en los últimos años, especialmente en la etapa previa a la vacunación masiva, hubo muchas que no lograron superarlo. Eso es irreparable.


La idea es hacer enfoque en el después, en una parte que no es de las más abordadas. A esta altura, es sabido que la infección puede dejar algunas secuelas. Y entre ellas destacan: fatiga, debilidad, caída del cabello, pérdida del olfato y gusto, efectos neurológicos, problemas renales, alteraciones de la función pulmonar, déficit de la función cardíaca, infertilidad masculina.


Lamentablemente, esto no es todo.


La incertidumbre y el miedo sumados al largo encierro que ha significado la cuarentena, al principio de la pandemia, han desencadenado en un aumento de niveles de estrés y ansiedad en la población. Por caso, en uno de los informes especiales de este medio se abordó dicha problemática, con el relato de varios profesionales en la materia (Salud mental en tiempos de cuarentena: cómo impacta la “nueva normalidad”).


Aunque en el último tiempo, no son pocos los estudios que dan cuenta de una consecuencia del Covid que viene causando estragos en gran parte de quienes los atravesaron: la depresión. ¿Y por qué aparece? El portal Clínica Alemana manifiesta que la misma se presenta con angustia, ansiedad e irritabilidad. Y surge en cuatro fases: miedo, aislamiento, incertidumbre y futuro.

La primera angustia es temor a la enfermedad y a morir solo en un hospital. Y es que no sólo se trata de un contagio, también se relaciona con el riesgo de no poder despedirse de los seres queridos. La segunda fase hace alusión al aislamiento, producto del confinamiento que parecía nunca acabar. Eso, especialmente en países como la Argentina, lleva a la tercera angustia que es la incertidumbre ligada, por ejemplo, a la economía.


Y finalmente, se habla de angustia por falta de un futuro. Esto, porque cada día se hacen nuevos hallazgos sobre la enfermedad y, a pesar de que se ven avances, no hay claridad de cómo se viene el futuro después de superar la pandemia.


El personal de salud, de los más afectados


Un estudio liderado por las universidades de Chile y Columbia, con la colaboración de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), determinó que el personal de salud de once países de América Latina presenta elevadas tasas de síntomas depresivos, como pensamiento suicida y malestar psicológico.


La mayoría de las personas que padecen coronavirus sufren síntomas de intensidad leve y se recuperan sin necesidad de tratamientos. Sin embargo, algunas desarrollan casos graves y necesitan atención médica. Como se ha visto en los últimos años, especialmente en la etapa previa a la vacunación masiva, hubo muchas que no lograron superarlo. Eso es irreparable.

A esta altura, es sabido que la infección puede dejar algunas secuelas. Y entre ellas destacan: fatiga, debilidad, caída del cabello, pérdida del olfato y gusto, efectos neurológicos, problemas renales, alteraciones de la función pulmonar, déficit de la función cardíaca, infertilidad masculina.


Se trata de un informe titulado “The COVID-19 health care workers Study (HEROES)” y muestra que entre 14,7% y 22% del personal entrevistado en 2020 presentó síntomas que permitían sospechar un episodio depresivo, mientras que entre un 5 y 15% dijo que pensó en suicidarse. El análisis también da cuenta que en algunos países solo recibieron atención psicológica cerca de un tercio de quienes dijeron necesitarla.


“La pandemia evidenció el desgaste del personal de salud, y en los países en los que el sistema de salud colapsó, el personal sufrió jornadas extenuantes y dilemas éticos que impactaron en su salud mental”, afirmó Anselm Hennis, director del Departamento de Enfermedades no Transmisibles y Salud Mental de la OPS.


“La pandemia terminó. Es esencial cuidar a quienes nos cuidan”, subrayó.

HEROES consistió en entrevistas a 14.502 trabajadores sanitarios de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Bolivia, Guatemala, México, Perú, Puerto Rico, Venezuela y Uruguay, y contó con la participación académicos e investigadores de decenas de instituciones de esos países.


¿De qué hablamos cuando hablamos de depresión postcovid?


Al respecto, la licenciada Viviana Rodríguez, Presidenta del Colegio de Psicólogos de Bahía Blanca, explicó que “Entender la pandemia como un acontecimiento traumático colectivo nos convoca a no olvidar en nuestros análisis, ante tal catástrofe, la incidencia de los determinantes sociales en la salud en general y, en particular, en la salud mental. Con relación a esto, depresión postcovid es una clasificación que utiliza cierto sector del campo de la salud mental que preferimos evitar para reflexionar acerca de los efectos de la pandemia porque podría derivar en un proceso de respuestas individualistas y biomédicas que, en principio, invisibilizarían las determinaciones sociales antes mencionadas”.


“En cambio, hablar de sufrimiento psíquico o problemáticas de salud mental poscovid permite construir una perspectiva proclive a encontrar respuestas que tejan corresponsabilidades de las acciones que se requieran, según la singularidad de cada malestar mental”, remarcó la especialista.


Y agregó en esa misma línea que “si consideramos esta perspectiva, que incluye la dimensión social, hablar de depresión covid como un efecto generalizado de la pandemia nubla también la posibilidad de ver lo singular y las repercusiones en los diferentes grupos y sectores de las poblaciones (infancias, mujeres, adolescencias, personas mayores, grupos de poblaciones vulneradas) y, por consiguiente, posterga las elaboraciones colectivas y situadas que se requieren cuando acaecen hechos traumáticos sociales”.


¿Cómo darnos cuenta de que estamos frente a esta problemática?


“Hay sufrimientos psíquicos que requieren una especial atención, como por ejemplo la permanencia de la tristeza, calificada muchas veces como depresión. Desde lo observable podemos darnos cuenta a partir de ciertos indicadores: una renuncia del sujeto a sus deseos, un desinterés significativo y generalizado frente a sus participaciones y actividades, pérdida de autonomía y deterioro de relaciones formales e informales, entre otros padecimientos posibles”.


¿Cómo tratarla?


“Si adherimos a considerar a la salud mental como una construcción social y no únicamente individual, los tratamientos no sólo transitarán dentro de los consultorios: en épocas de pospandemia, más aún, se necesita de las responsabilidades de cada persona y su entorno cercano, pero también de redes de cuidados situados, intersectoriales, que garanticen accesibilidad a múltiples tratamientos en función de las diferentes problemáticas de salud mental que se presenten”, indicó Rodríguez.


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