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De la cautela a la euforia: las calles en Brasil se tiñeron de rojo para festejar el triunfo de Lula

Desde Brasilia | El conteo de votos se vivió con mucho nerviosismo de ambos lados de la vereda. Brasil se terminó de transformar en un país totalmente dividido.

Música, baile, cantos, cerveza -mucha- y merchandising para todos los gustos. Esto es lo que podía encontrarse en algún punto de prácticamente todas las grandes ciudades de Brasil. Los seguidores de Luiz Inácio Lula da Silva y del Partido de los Trabajadores (PT) se volcaron a la calle de forma masiva para festejar el regreso a la presidencia.


“Afuera Bolsonaro y chau al fascismo, volveremos a tener un país para creer”, era una de las frases más elegidas entre los que participaron de estas movilizaciones. Además del entusiasmo, estos comentarios esconden un concepto de fondo que terminó por definir en las urnas electrónicas: este proceso significó la elección entre dos modelos de país totalmente distinto.


Brasil hoy es un Estado dividido. El país más grande de América Latina se encuentra con una polarización a la que jamás había asistido. Lula da Silva consiguió 60.345.999 millones de votos y alcanzó el 50,90% del total, lo que lo convierte en el presidente más votado de la historia. Pero Bolsonaro, otra vez distinto a lo que marcaban las encuestas, llegó hasta el 49,10% con 58.206.354 de votos.


Literalmente un país dividido en dos. Es tanta la polarización que se vive al caminar en la calle, que cortando con una tendencia que se había repetido desde la primera elección de la democracia en 1989, por primera vez más personas fueron a votar en la segunda vuelta que en la primera. Si bien en números similares, este domingo hubo 20,59% de abstenciones, mientras que en el primer turno había llegado a 20,95%.


Una euforia que se hizo espera

Los resultados se cargaron rápido al sistema. Y lo que terminó siendo pura euforia se hizo esperar incluso más de lo que los seguidores de Lula hubiesen querido. Sucede que a la 5 de la tarde comenzaron a publicarse los primeros datos que lo ubicaban a Bolsonaro al frente. Era de esperar porque los distritos que primero se computan son los más favorables al actual presidente.


Pero esta tendencia se mantenía y empezaba a crecer el entusiasmo de los bolsonaristas al tiempo que lo hacía la preocupación entre los lulistas. “Vamos ganando”, gritaban desde un escenario montado en la Explanada de los Ministerios en el corazón de Brasilia. El interrogante ganaba lugar en San Pablo, reducto muy identificado con el PT.


Pero para las 18.55 todo cambió. Lula pasó al frente y la tendencia se tornaría irreversible. El conteo avanzó muy rápido pese a las múltiples críticas que el sistema de votación electrónica recibió a lo largo de toda la campaña por parte del comando de Bolsonaro. Hubo un número ínfimo de urnas que tuvieron que se removidas a lo largo de la jornada.


Los fuegos artificiales ya empezaban a escucharse en muchas ciudades de Brasil mientras también lo hacían las bocinas en la calle. “Esperemos, por favor”, repetían los seguidores de Bolsonaro, confiados en que podía surgir un milagro que hiciera cambiar una tendencia que claramente indicaba un triunfo de Lula como nuevo presidente de Brasil.


Festejos entre música, amigos y bebidas

De esta forma, por primera vez en 133 años un presidente es electo para cumplir su tercer mandato al frente del Palacio del Planalto. En su discurso, Lula quiso brindar un gesto de unidad y mostrarse dispuesto a tender puentes: “No existen dos Brasil”, esgrimió el líder del PT cuando salió a hablar por primera vez en su búnker de campaña en el centro de San Pablo.


Es una grieta que, por lo que se percibe en la calle, será muy difícil de cerrar. Consultados para este artículo, eran más los seguidores de Bolsonaro que aseguraban no reconocer un gobierno de Lula de los que sí lo hacían. El propio presidente no salió, hasta el momento, a dar ningún pronunciamiento, algo que tarde o temprano sucederá.


En este contexto, las banderas con la cara de Lula y la frase “Lula presidente” se volvieron a adueñar de muchas de las ciudades de Brasil. Sobre todo en el nordeste, el reducto más fuerte y fiel al exlíder sindical metalúrgico que lo empujó para obtener esa leve ventaja, pero ventaja al fin, que lo ubica por tercera vez en su carrera política como presidente de Brasil.


Fuente: TN

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