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Cristina Kirchner le deja a Sergio Massa las banderas del tarifazo y la inflación

El ministro de Economía reemplaza a dos kirchneristas en el área de energía. La Vicepresidenta toma distancia de la suba de las tarifas y los precios, las dos caras del ajuste que se viene

Como si no bastaran la pandemia, la invasión rusa a Ucrania o la tensión misilística que China ha puesto sobre Taiwán, el mundo vuelve a mirar a la Argentina como un objeto de investigación. Un país que sorprende por su insistencia en auto flagelarse.

La semana pasada, el Canal 24 Horas de la televisión estatal española, elaboró un informe sobre la suba de los precios en la Argentina. Con fondo de tango y la voz inconfundible de Carlos Gardel, los argentinos entrevistados describían el daño terrible que la inflación les producía a sus economías familiares. España, como el resto de Europa, estrenará este año una inflación anual del 8%. Un índice que sería una bendición para el país de la furia.

Este fin de semana, fue el diario The New York Times el que envió a un equipo de periodistas a estudiar el fenómeno de la inflación argentina. Recorrieron despachos oficiales, pero le prestaron mucha más atención a los supermercados. “¿Creés que 9% es malo?, probá con 90%”, fue la ironía que eligieron para titular al artículo. El texto tiene un tono de condolencia y habla de la resilencia, la adaptación y la fortaleza de la sociedad argentina. “Viven en una economía que es casi imposible de desentrañar en cualquier otra parte del mundo”, nos describen.


Podrían haber esperado unos días para publicar esos informes y habrían tenido el auxilio de la estadística oficial. Este jueves, el Indec (ahora bajo la influencia del ministro Sergio Massa), dará a conocer el índice de inflación que se registró en el mes de julio. Si no hay ningún fenómeno paranormal, la cifra estará entre el 7 y el 8%, la más alta de toda la gestión de Alberto Fernández.

Las consultoras privadas ya han anticipado los números escalofriantes que recorren el planeta. Ecolatina ha registrado un 7,5% de inflación en el Gran Buenos Aires. EcoGo ha sido un poco más optimista y ha detectado un 6,8% de inflación nacional. Y la medición de la Fundación Libertad y Progreso habla de un 8%.

El Relevamiento de Expectativas del Mercado, que elabora el Banco Central con datos privados, proyecta una inflación del 90,2% para este año. Y, cuando se calcula la suba del costo de vida para los 31 meses que lleva la gestión de los Fernández, la cifra se eleva hasta el 202,2%. La inflación se ha vuelto peronista.

La altísima inflación y el tarifazo en el valor de los servicios públicos, que Massa ha dejado entrever en sus primeros anuncios como ministro de Economía, son las banderas que Alberto Fernández y Cristina Kirchner la han dejado gentilmente para que las recoja. El Presidente por su ya reconocida ineficacia para la gestión. Y la Vicepresidenta, claramente porque no quiere compartir el costo del ajuste inevitable de los próximos meses.

De esa manera, es posible leer la decisión de Cristina y del kirchnerismo de permitirle a Massa rearmar el equipo de los funcionarios que manejarán el área energética. Con su estilo flamante de hilo de tuits, el ministro anunció en la noche del domingo que la ingeniera Flavia Royón reemplazará al kirchnerista Darío Martínez al frente de la Secretaría de Energía.

Martínez les había avisado la semana pasada a sus colaboradores que se iba de Energía para probar suerte como candidato a gobernador de Neuquén, y porque el kirchnerismo había decidido dejarle las manos libres a Massa en la conducción del área. Por eso, también se marcha de la subsecretaría de Energía Federico Basualdo, aquel funcionario K de segunda línea al que Martín Guzmán no había podido pedirle la renuncia. Una de las razones por la que abandonó Economía el último 2 de julio.

La ingeniera Royón era hasta ahora la secretaria de Energía y Minería de Salta, en el gabinete del gobernador Gustavo Sáenz, un dirigente de antigua relación con Massa. Tanto que fue su candidato a vicepresidente cuando se presentaron y fueron derrotados como fórmula en 2015. De todos modos, en el nuevo equipo energético quedó otro kirchnerista, Federico Bernal, que pasó de ser director del Enargas a convertirse en subsecretario de Hidrocarburos. No es que Cristina inicia la evacuación de todo el sector. Pero le despeja a Massa al menos los dos primeros lugares.

En su discurso de asunción, Massa anunció que cuatro millones de hogares ya no podrán tener subsidios. Y señaló los ejemplos de la racionalización de la energía en Europa para dar por iniciada una nueva etapa en la Argentina. La segmentación de las tarifas energéticas dejará de ser geográfica para pasar a ser por magnitud del consumo, una modificación que es vista como un avance por sectores de la oposición. Habrá que ver los detalles cuando las boletas con subas de la electricidad, del gas y también del agua empiecen a llegar a los hogares argentinos.

“Que Sergio suba las tarifas como él quiera; después veremos nosotros hasta adonde lo acompañamos”, explica con una sonrisa un dirigente kirchnerista el paso atrás de Cristina en el sector energético. Massa se ha puesto como plazo el mes de septiembre para poder lograr un cambio en la curva de la inflación. Julio y agosto serán meses de subas, pero si la presión inflacionaria no comienza a ceder para la primavera la situación económica entrará sin demoras en una fase explosiva.

Los memes inesperados de Rubinstein

En su profusa cadena de tuits, Massa presenta los cambios en el sector de energía bajo al aura de un avance extraordinario. Ese ímpetu le sirve para barrer debajo de la alfombra el otro anuncio que le opacó el fin de semana. El viernes, en la variante extraoficial de sus novedades, había dejado correr el nombre del economista Gabriel Rubinstein para ocupar el cargo clave de viceministro.

Era un nombre perfecto desde varios puntos de vista. Rubinstein no solo es respetado como economista y bien visto por los mercados, sino que se trata de un gran especialista en macroeconomía, la materia que había reprobado Silvina Batakis en el viaje a Washington que siempre querrá olvidar. Aquel en el que fue degradada del ministerio de Economía al borde del avión y horas después de reunirse con la directora del FMI, Kristalina Georgieva, con el segundo del Tesoro de EE.UU., David Lipton, y con el director del Banco Mundial, Axel van Trotsenburg.

Además, Rubinstein compensaba la negativa de la economista Marina Dal Poggetto a ocupar el mismo cargo, y la distancia que otros economistas cercanos a Massa (Martín Redrado, Miguel Peirano, Diego Bossio) habían puesto para rechazar la oferta de sumarse al gabinete massista. El problema con Rubinstein surgió apenas se mencionó su nombre. Su archivo en las redes sociales registraba decenas de mensajes de Twitter con críticas y memes inolvidables dedicados a Cristina y al kirchnerismo. Algunas de ellas, de una acidez indigerible para la sobrecarga política de estos días.

Es cierto que Alberto Fernández y también Massa (portador sano de aquel “voy a meter presos a los chorros de La Cámpora”) tienen un archivo irrepetible de barbaridades contra el kirchnerismo, pero casi nadie en el Gobierno creía este fin de semana que Rubinstein pudiera atravesar el filtro de frases contundentes como: “Para mi, sumarme al kirchnerismo sería como decir `soy un idiota´, pero vivan Néstor y Cristina, carajo”.

La incógnita Rubinstein es apenas uno de los alertas naranja que Massa deberá enfrentar esta semana. El dólar será el examen más difícil, ya que la semana anterior el Banco Central debió vender más de 700 millones de dólares para mantenerlo por debajo de los 300 pesos. Pero el ministro se mantiene confiado en que podrá mantenerse sobre la base de sus tres anuncios: respetar el compromiso con el FMI del 2,5% del PBI para el déficit fiscal, avanzar con la quita de subsidios energéticos y la suba de tarifas, y cumplir con la promesa de frenar las transferencias de efectivo desde el Banco Central al Tesoro.

A su favor, Massa puede contabilizar que tanto Cristina como Alberto se mantienen en estas horas ocupados con asuntos personales. La Vicepresidenta ha puesto a sus colaboradores a revisar fotos futboleras del fiscal Diego Luciani para tratar de vincularlo al ex presidente Mauricio Macri, y poder recusarlo de la causa Vialidad. Es que la contundencia de los alegatos y la posibilidad cercana de una condena judicial han hecho crecer como pocas veces el nerviosismo en las filas kirchneristas.

En el caso de Alberto, las distracciones tienen que ver con el rol de diplomático que empieza a mostrar su gestión presidencial ahora que los temas sensibles del poder están en manos de Massa y de Cristina. El Presidente estuvo en Bogotá el domingo para la asunción de Gustavo Petro, el dirigente izquierdista que comenzó a gobernar Colombia. Lo acompañaron el canciller, Santiago Cafiero; la ministra de las mujeres, Elizabeth Gómez Alcorta; y la secretaria de Medio Ambiente, Cecilia Nicolini.

Nadie sabe bien el rédito de haber llevado una comitiva con méritos tan dudosos que, para una crisis social, económica y financiera como la que está viviendo la Argentina, se podría haber reducido al Presidente diplomático y a algún colaborador que lo asistiera. Cristina se solía enojar con estos viajes festivos de Alberto. Ahora ya no. Tiene muchas otras preocupaciones.

Con Alberto tan imbuido en su gestión diplomática, el domingo podría haber evitado el papelón del embajador argentino en China, el exótico kirchnerista Sabino Vaca Narvaja, quien se metió a opinar sin que nadie se lo pidiera y calificó de “provocación” el viaje de la presidenta de la Cámara de Representantes de EE.UU., Nancy Pelosi, a Taiwán. La visita que activó a los buques y a los misiles chinos en el frente asiático.

El país al que vienen a investigar para entender porqué no puede superar ni la inflación ni la pobreza, pierde su tiempo opinando sobre conflictos internacionales en los que nadie se interesa por nuestros puntos de vista. El laboratorio de estos fenómenos argentinos sigue causando asombro, pero jamás admiración.


Fuente: Infobae

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